El Bellas Artes de Bilbao recupera su primer museo contemporáneo con Baselitz

El Bellas Artes de Bilbao recupera su primer museo contemporáneo con Baselitz

La institución reabre parte de su edificio histórico a un año de concluir las obras de ampliación proyectado por Foster y Uriarte con una exposición dedicada al octogenario pintor alemán, uno de los grandes de nuestra época. Texto: Fernando Rayón

Georg Baselitz. Indígena de fin de semana. 2024. Óleo sobre lienzo. Colección particular. Cortesía de Thaddeus Ropac Gallery Londres, París, Salzburgo, Seúl.

“El mundo está patas arriba, como la pintura de Georg Baselitz”. Con estas palabras presentaba Norman Rosenthal, comisario de la muestra, la exposición en las nuevas salas del Bellas Artes de Bilbao.

La ampliación de los edificios proyectada por Norman Foster y Luis María Uriarte ha obligado a trasladar toda la actividad del museo al pabellón que construyeron en 1970 Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa.

Es precisamente la recuperación de este edificio –iniciada hace unos días con la instalación de Elogio del hierro de Eduardo Chillida en el exterior de la entrada principal–, la mejor noticia junto con la muestra de Baselitz.

“Ahora el museo se abre al Parque de María Luisa –comentaba el director Miguel Zugaza–, a la entrada que fue la principal durante muchos años y que Líbano y Beascoa proyectaron inspirándose en Mies van der Rohe”.

Y es esa entrada recién reformada la que sirve de atrio a Georg Baselitz. Pinturas 2014-2025. Algo en todo, una exposición que recoge los últimos cuadros del artista alemán y algunas de las últimas obras incorporadas al museo.

No es normal que un museo como el de Bilbao afronte una ampliación como la actual manteniendo abierta su sede. Ese ha sido el empeño de sus gestores que se verá cumplido dentro de un año cuando se abran definitivamente los tres edificios abrazados por el proyecto de Foster.

Georg Baselitz. Hay algo en todo. 2014. Óleo sobre lienzo. Colección particular.
Georg Baselitz. Artesano. 2019. Óleo y laca dorada sobre lienzo. Colección particular.

Una reforma que ha costado 45 millones de euros y que cambiará la Plaza de Euskadi y sus alrededores tal como los conocemos hoy.

Mientras tanto, Baselitz ha sido el artista vivo –uno de los grandes que aun llena el panorama artístico mundial– encargado de llenar la espera antes de la inauguración final del nuevo Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nacido en 1938 como Hans-Georg Kern, decidió cambiarse el nombre al renegar del pasado nazi de su padre. La exposición de Bilbao incluye casi medio centenar de pinturas de gran formato realizadas en la última década.

Las 49 obras, seleccionadas por el historiador británico Norman Rosenthal, proceden principalmente de colecciones privadas de todo el mundo.

Los grandes lienzos –algunos llegan a medir más de cuatro metros de alto– repiten las obsesiones temáticas de Baselitz sobre su propio cuerpo y el de su mujer Elke.

Figuras, cabezas, manos, piernas, medias de nylon y águilas recogen una sorprendente fuerza creativa que supera las limitaciones físicas de la ancianidad.

“Baselitz forma ya parte de una genealogía artística ­–recordó Rosenthal– en la que se hayan otros pintores de larga trayectoria como Miguel Ángel, Tiziano, Goya o Picasso”.

Su prolongada carrera sirve también al programa conjunto BBKmuseoa para proponer una reflexión global sobre el valor del envejecimiento positivo.

Su personal figuración basada casi exclusivamente en el cuerpo sufrió un cambio radical en 1969 cuando Baselitz decidió invertir la posición de la imagen pictórica como un rasgo de estilo que desde entonces se ha mantenido constante.

En palabras de Parreño: “el mundo patas arriba: el mundo regido por el absurdo que conoció Baselitz es el que intenta replicar aplicándole el mismo tratamiento”. El collage aparece también en otras pinturas en las que Baselitz usa telas como elementos expresivos.

En ocasiones las coloca junto a desnudos de apariencia vulnerable que, de este modo, adquieren, una presencia y una espiritualidad funerarias.

Una pintura de 2024 muestra una representación monumental (300 x 450 cm) de un águila, símbolo de la fuerza vital presente en la heráldica alemana que ya había utilizado en los años 70.

En los últimos tiempos –como cuenta Blisténe tras una visita al estudio del pintor en marzo de 2024­–, Baselitz interviene la superficie del cuadro con el andador que utiliza.

Una nueva reinvención con la que deja las huellas visibles de su biografía y la prueba material de una vida dedicada a la pintura.

Como complemento a la muestra, el museo ha editado un cuidado catálogo con textos en euskera, castellano e inglés, a cargo de los historiadores Norman Rosenthal, José María Parreño, Bernard Blistène y Éric Darragon.

Georg Baselitz. Penacho de plumas en el sombrero. 2023. Óleo sobre lienzo. . Óleo sobre lienzo. 200 x 120 cm. Colección particular.