La memoria del Círculo de Chirino tiene forma de viento
El Círculo de Bellas Artes de Madrid abre al público hoy y hasta el 11 de enero la exposición Martín Chirino. Memoria del Círculo, comisariada por Fernando Castro Flórez, enmarcada en un doble centenario: el nacimiento del escultor canario (1925-2019) y el edificio que que alberga la actual sede del Círculo de Bellas Artes (1926–2026), un espacio al que el artista estuvo profundamente ligado. La muestra que reúne esculturas y obra sobre papel del artista nacido en Las Palmas ha sido coorganizada por la Comunidad de Madrid y con la colaboración de la Fundación Arte y Pensamiento Martín Chirino .
La historia del Círculo está estrechamente vinculada a Chirino, que presidió la institución entre 1983 y 1992. Junto con una nueva Junta Directiva y un grupo de artistas e intelectuales, el escultor impulsó un proceso de refundación que transformó el Círculo en la institución cultural abierta y multidisciplinar que conocemos hoy: privada, sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública. Su mandato situó al Círculo como un verdadero faro de modernidad y pensamiento, atento a las corrientes artísticas más innovadoras y experimentales.
En la presentación de esta muestra tan emotiva, y junto al comisario, estuvieron presentes el presidente actual del Círculo de Bellas Artes, Juan Miguel Hernández León; el director de la institución Valerio Rocco; el director general de Cultura e Industrias Creativas de la CAM, Manuel Lagos; y por parte de la Fundación Chirino, su hija Marta, el director general, Jesús Castaño, y Eduardo Rodríguez. Todos ellos glosaron la figura como creador y gestor del artista canario que impulsó el Círculo de Bellas Artes y lo situó en el centro de la vida cultural de Madrid.
En 2013 el Círculo organizó la muestra Martín Chirino. Obras para una colección, comisariada por el propio escultor y compuesta por quince esculturas que hoy forman parte de la colección de la Fundación Martín Chirino.
Memoria del Círculo reúne hoy, doce años después, una selección de esculturas y obras sobre papel que recorren algunos de los grandes ejes de su trayectoria: el viento, la espiral, el círculo, la raíz y la forja del hierro como lenguaje poético. Desde piezas históricas como Viento 22 (1963–64) hasta creaciones más recientes como Alfaguara 6. Mesa (2000), el recorrido traza un arco temporal que revela tanto la coherencia de su investigación formal como la capacidad de su obra para seguir dialogando con el presente. En muchas de sus piezas está la huella de Julio González y de Ángel Ferrant y la interacción con otros artistas del Grupo el Paso.
Aunque todo comenzó en el borde del mar, tumbado en la playa o admirando la construcción de grandes barcos en el astillero de Las Palmas, dibujando algunas de las formas en la arena o en el aire algunas de las formas que luego forjaría en su taller.
La espiral —símbolo de origen, energía y movimiento— articula buena parte del conjunto. Con ella, Chirino convierte lo pesado en ligero, lo rígido en orgánico, abriendo pliegues espaciales que parecen dibujar en el aire una búsqueda constante del origen y de la esperanza. Al mismo tiempo, las obras en papel permiten descubrir la faceta más íntima y experimental del artista, donde dibujo, grafía y gesto se convierten en pensamiento plástico.
Martín Chirino, galardonado con la Medalla de Oro del Círculo en 2001, fue, sin duda, uno de los escultores españoles más relevantes, con una extraordinaria proyección internacional. Su trayectoria recoge la herencia de la modernidad —la forja del hierro, la geometría, el rigor constructivo—, pero la proyecta hacia el futuro, abriendo un espacio de transición entre lo moderno y lo contemporáneo. Sus obras, presentes en colecciones de referencia y en museos de todo el mundo, lo sitúan como figura clave en la institucionalización de la escultura española y en la configuración de un lenguaje capaz de dialogar con las sensibilidades actuales.
La muestra, que abarca un largo período de su quehacer creativo y versatilidad en varias disciplinas y el uso de materiales, no solo celebra a un creador fundamental de la segunda mitad del siglo XX, sino que también recuerda su legado institucional. Chirino entendió el arte como un espacio inseparable de la vida cívica y cultural, y al Círculo como un lugar de encuentro entre disciplinas, ideas y generaciones.
A cien años de su nacimiento y en vísperas del centenario del edificio, Martín Chirino. Memoria del Círculo es una oportunidad única para reconocer esa doble memoria —la del artista y la de la institución— y proyectarlas hacia el futuro, en un tiempo que sigue necesitando lugares de encuentro, pensamiento crítico y creación libre.
Y eso hace que esta exposición tenga tantos elementos emotivos y artísticos de los pasos por la tierra del creador canario como nos recuerda en el texto de la publicación que acompaña la exposición firmado por Fernando Castro Flórez: “Los pasos de Martín Chirino, sus bellas obras siguen guiándonos, especialmente en estos tiempos oscuros en los que parece que no sabemos adónde vamos (salvo que deseemos completar la catástrofe)… Martín Chirino ofrece (de nuevo en el Círculo) un recorrido en espiral que desea el centro y, sobre todo, nos hace recordar que el arte es una promesa de felicidad”.




