Nuevos coleccionistas pero ventas «tranquilas» en Estampa

Nuevos coleccionistas pero ventas «tranquilas» en Estampa 

Pasillos llenos, grupos de coleccionistas y miles de asistentes en la 33º edición de la feria permiten mirar con algo de alivio el último trimestre del año, falto de grandes resultados. Y aunque hasta la próxima semana no tendremos cifras oficiales, la sensación entre los participantes es de moderado optimismo con un balance positivo, aunque sin lanzar cohetes.

Una de las obras presentes en Estampa 2025. Fotografía: SGM.

Estampa es la feria madrileña con la que se inicia el curso escolar y una de las últimas del año, por eso despierta tanta expectación. Por un lado, es la primera cita después del parón veraniego, cuando los galeristas regresan con fuerzas renovadas, conscientes de que ese inicio de temporada marca la tendencia de lo que cabría esperar en los próximos meses.

Por otro lado, supone el broche final del año, al que solo le queda Feriarte para dar por cerrado el calendario de citas culturales de la capital. Quizá por eso, se debate entre la ilusión por reencontrarse con los diferentes agentes del arte y la realidad de un sector duramente tocado desde hace ya demasiado tiempo.

Esa especie de esquizofenia se ha podido observar del 9 al 12 de octubre en el pabellón 6 de Ifema, en una 33º edición de Estampa que ha estado llena de novedades. Desde la sección dedicada a galerías emergentes titulada «Ensayo Futuro» –espacio que toda feria de arte contemporáneo debería tener si quiere garantizar su supervivencia y el relevo generacional– hasta las presentaciones y debates de proyectos alternativos agrupados bajo el nombre de «Interferencias».

También se estrenaba la Sala Wellcome and Collect Art, patrocinada por Porsche y el stand de Paradores, que apostó por el trabajo de Rodrigo Romero.

Cerca de 90 galeristas y un millar de artistas nacionales e internacionales se han sumado en esta ocasión a la cita, que abrió sus puertas el pasado jueves con buenas expectativas y la perspectiva real de un posible cese de la violencia en la Franja de Gaza (que se fue concretando a medida que transcurría la feria). Estas novedades geopolíticas, que quizá pueden parecer anecdóticas, podrían perfectamente haber subido la moral de los coleccionistas, que se mostraron menos tímidos que el pasado marzo en cuanto a ventas de refiere; si bien los galeristas hablan de resultados «correctos» y unas operaciones «tranquilas».

Y es que, las comparaciones con ARCO son inevitables. No solo porque comparten la misma sede –condensar la feria en un único pabellón es un punto a favor de Estampa–, sino también por la presencia de los mismos participantes (algunos repiten en ambas citas). Como por ejemplo Espacio Mínimo, que vendió una obra de Mauro Piva a Candela Álvarez Soldevilla a través del Premio Colección Studiolo y otra de Ana Vidigal a la Colección Navacerrada.

Por supuesto, la presencia institucional nunca falta en la cita dirigida por José María de Francisco, a través de adquisiciones por parte de la Comunidad de Madrid, que este año se decantó por My Sabines de Susanna Inglada presente en Palmadotze; y del Ayuntamiento, que ha incrementado los fondos del Museo Municipal de Arte Contemporáneo con una pieza de Nacho Martín Silva comprada en Max Estrella.

Asistentes de la feria Estampa.

Una de las galerías triunfadoras de esta 33 edición de Estampa ha sido Río&Meñaka, antes conocida como WeCollect y desde el año pasado rebautizada con los apellidos de sus fundadores. Su habitual apuesta por los autores emergentes con precios más o menos asequibles y una creciente proyección ha despertado el interés del público y se ha saldado con buenos resultados, como demuestra la venta de Medusa de Saelia Aparicio a la Colección Alhambra, la obra de Tito Pérez que ya pertenece a la Fundación Campocerrado o la pieza de Nuria Mora adquirida por la Colección Kells.

Pero no solo de instituciones vive el mercado primario, de ahí los esfuerzos de la organización por atraer nuevos coleccionistas a través de programas de visitas guiadas, que esta vez coparon decenas de stands durante el primer día de la feria, para alegría de los dealers. Porque descubrir nuevas caras siempre es un aliciente para el vendedor, que normalmente invita a sus clientes habituales para asegurarse ventas, pero espera captar nuevos coleccionistas.

Pieza de Timsam Harding en Estampa 2025. Fotografía: SGM.

Eso es lo que sucedió en el caso de Ponce y Robles, que encontró comprador para varias de las piezas que exponía de los artistas latinoamericanos Felipe Lavín y Roberto Huarcaya. Como además su espacio tenía una de las escasas piezas de videoarte de la feria –exceptuando a Canogar en Max Estrella–, acaparó muchas miradas, hasta que acabó vendiéndose. También Llamazares cerró la cita con éxito, tras haber vendido obra de prácticamente todos sus autores.

Por lo demás, en la 33 edición de Estampa se pudo apreciar la misma diversidad de siempre: en precios, estilos, materiales e incluso calidades. Los clásicos de las vanguardias nunca fallan en Jordi Pascual, esta vez con una selección de autores nacionales e internacionales. Y, aunque ya no está Marlborough, siguen teniendo presencia las sempiternas piezas de Manolo Valdés y Genovés, esta vez algo apartados en el primer pasillo de la feria, mucho más fresca y actual en el resto de corredores.

Serigrafías de Banksy junto al también artista callejero Mr. Brainwash, personajes de ficción de papel cuché junto a pinturas abstractas, piezas de Timsam Harding, Elena Núñez Mallén, Manu García o Liliana Porter, la autora invitada que presentó un mural concebido específicamente para la ocasión, pudieron verse en una edición con preeminencia de pintura y piezas decorativas, algunas bastante kitsch, frente a la escasez de fotografía y vídeo.

Lo que no se puede negar es que Estampa, que nació con una discreta vocación por el grabado y la obra sobre papel, ha ido abriéndose a otras disciplinas y creciendo de tal manera, que se ha convertido en una cita de referencia en otoño; capaz de medirse con el resto de ferias de la capital. Un arma de doble filo, porque tiene la fortuna de marcar el punto de partida y la responsabilidad de crear la tendencia de lo que será el curso. Es la mejor forma de testar el mercado. Sol G. Moreno

Varias piezas de Estampa 2025. Fotografía: SGM.
Imagen de la feria Estampa.
La pintura fue predominante en Estampa 2025. Fotografía: SGM.