NUMERO 68, OCTUBRE-DICIEMBRE

35,00 

El mejor Alonso Cano; Baselitz en Bilbao; entrevista a Maurizio Cattelan; España en Osaka; Raimundo de Madrazo y su época; Alba, nobleza panorámica; un nocturno de Adam de Coster en el Prado; Zurbarán, una pintura final inédita; un nuevo ‘Niño’ de Salzillo; el negro de Miró; en el estudio de Alfredo Alcaín; la colección de Alejandro Sanz Peinado.

Descripción

UN CUADRO NAZI EN EL SALÓN

Me sorprende que se sorprendan. Sobre todo porque piensen que es tan difícil que reaparezcan cuadros expoliados durante la Guerra Mundial en los lugares en los que se refugiaron tantos nazis huidos de la justicia. Quizá, como cuenta Héctor San José en las páginas de mercado, la «gracia» está en que una heredera ponga fotos de la casa que quiere vender en Argentina con el retrato en cuestión colgado en el salón y que así descubramos dónde está el famoso Fra Galgario perdido. Pero no es un hecho aislado. En Francia siguen apareciendo en subasta cuadros robados durante la invasión napoleónica y nadie dice nada ni reclama nada. Así somos en España de generosos con nuestro patrimonio robado.

Algún insigne historiador contaba –refiriéndose a los cuadros destruidos durante la Guerra Civil– que esa destrucción no era tal. Que había visto en varias ocasiones obras procedentes de iglesias y conventos en casas que le habían exigido discreción para mostrarles sus tesoros. Por eso él se refería a algunas piezas como perdidas o desaparecidas más que destruidas, que también las hubo y fueron muchas.

Pero eso es también positivo para el mercado. El boom de las casas de subastas continúa. Y muchas de ellas tienen tal volumen de lotes que les resulta imposible rastrear cada pieza o confirmar siempre su procedencia. Hay que decir que los coleccionistas disfrutan precisamente con ello, con la mala atribución de una obra o con la ignorancia de su pedigrí. Tampoco suelen tener ningún problema en devolver o restituir una pieza si descubren su origen robado.

La conclusión es que queda mucho por aparecer, por descubrir, por recuperar, por estudiar… No siempre aparecerá un cuadro de un colaborador de Göring en el salón, pero reconozcan que estás apariciones son todo un regalo para contar historias, o al menos un buen cuento al estilo de Bruce Chatwin.

Por Fernando Rayón

 

Pinche aquí para leer el ARTÍCULO DE MERCADO CLÁSICO, por Héctor San José

Pinche aquí para leer el ARTÍCULO DE MERCADO CONTEMPORÁNEO, por Gregorio Cámara

| SECCIONES DE LA REVISTA