Raimundo de Madrazo en Fundación MAPFRE: El peso de un nombre

El peso de un nombre

Fundación MAPFRE ha inaugurado la exposición Raimundo de Madrazo, que reúne más de 100 obras del pintor heredero de una de las familias de artistas más influyentes de nuestro país. Texto: Fernando Rayón.

Ser nieto, hijo y sobrino de un Madrazo no debía ser fácil a mediados del siglo XIX. Y si encima tu cuñado es Mariano Fortuny, dan ganas de poner tierra por medio y olvidarse de todos ellos para dedicarte a la pintura.

Es lo que hizo Raimundo de Madrazo y Garreta (Roma, 1841 – Versalles, 1920) a los veinte años. Se fue a París y nunca volvió. La disculpa era completar sus estudios.

Su padre Federico, entonces director del Museo del Prado, era el que pagaba la estancia y así evitaba maledicencias si su hijo decidía presentarse a concursos y pensiones oficiales de la Academia de San Fernando, donde también tenía mano.

Fue esa decisión de Raimundo la que le llevó a un ambiente radicalmente distinto al español y lo libró de caer en las representaciones historicistas entonces tan de moda en nuestro país.

Tampoco llegaba de nuevas a la capital francesa. En dos viajes previos había conocido a Ingres y Léon Bonnat. Ahora coincidía con Gisbert y empezó a cultivar una excelente clientela que le permitió no solo vivir, sino separarse definitivamente del peso familiar que significaba ser un Madrazo.

La muestra que presenta Fundación MAPFRE en el Paseo de Recoletos de Madrid estaba prevista en 2020, con motivo del centenario de su muerte, pero la pandemia y la dificultad en rastrear su obra la han retrasado hasta la fecha.

Raimundo de Madrazo y Garreta. Felicitación de cumpleaños, c. 1880. Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid, P006995. ©Archivo Fotográfico del Museo Nacional del Prado
Raimundo de Madrazo y Garreta. La marquesa d’Hervey Saint-Denys como la diosa Diana, 1888. Óleo sobre lienzo, 134 x 83 cm. Musée d’Orsay, París,legado de la señora D’Adelsward-Pourtalés, 1934 a los Musées nationaux para el Musée du Louvre en 1934, inv. 20417

Su comisaria, Amaya Alzaga, ha llevado a cabo una labor detectivesca pues, aunque Raimundo siguió fiel a sus principios y estilo académico, murió cuando el arte contemporáneo casi estaba abandonando el cubismo.

Sus encargos se dispersaron y aunque se daba cuenta de que su pintura había pasado de moda, sus coleccionistas –quizá por lo anacrónico de su pintura– la conservaron sin importarles el vendaval de la abstracción y el arte contemporáneo.

La exposición Raimundo de Madrazo reúne más de cien obras del artista español, que incluyen desde la pintura de género hasta el retrato, procedentes de Gran Bretaña y Estados Unidos, donde tuvo tanto éxito como en París.

De hecho, a partir de 1897 cruzó el Atlántico en varias ocasiones mientras se diluía su papel en la escena artística francesa.

Es la primera gran retrospectiva que se presenta en Madrid sobre quien, sin duda, fue uno de los pintores más cosmopolitas y de más refinada técnica de su época.

Sus retratos, considerados un símbolo de elegancia, de emulación del pasado y respeto por la tradición, lo situaron como figura fundamental en la escena artística y en los círculos sociales más distinguidos e internacionales de finales del siglo XIX y principios del XX.

Organizada por Fundación MAPFRE y el Meadows Museum, SMU, Dallas, la muestra viajará al museo de Texas, ya que Madrazo fue uno de los pintores españoles que consolidó una mayor clientela americana.