Un particular ‘espía’ contra el nazismo
El MNAC de Cataluña alberga una muestra protagonizada por Mario Armengol, el español que puso sus dibujos satíricos al servicio de la propaganda aliada y del gobierno de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial.
Como ocurre en todos los conflictos bélicos, el arte fue parte importante de la contienda durante la Segunda Guerra Mundial, desde los carteles soviéticos contra el nazismo hasta películas como El gran dictador, en la que Charles Chaplin interpreta a un alter ego ridículo de Adolf Hitler. Quizá más desconocidas y discretas, pero igual de importantes en la época, fueron las sátiras que dibujantes y artistas realizaban para periódicos y revistas.
Reino Unido fue uno de los países que más importancia dio a este tipo de propaganda, donde el sentido del humor servía por igual para levantar el ánimo de los familiares de los soldados desplegados y para recordarles la causa por la que combatían.
Entre sus filas se encontraban importantes viñetistas como David Low o Giles, además de un artista catalán: Mario Armengol. A pesar de ser el único español que colaboró de forma tan activa e intensa con la propaganda aliada, su figura cayó en un relativo olvido hasta que, en 2021, se encontró una maleta con 200 de los cartoons o dibujos que realizó para el gobierno británico. Ahora, el Museo Nacional de Arte de Cataluña le dedica una exposición monográfica titulada Tinta contra Hitler.
Podrá visitarse hasta el 11 de enero de 2026 y cuenta con una selección de obras originales que fueron conservadas por el autor y su familia. Estos, sumados a los ejemplares publicados en los que aparecieron los dibujos de Armengol, conforman uno de los mayores fondos sobre el dibujo satírico de la Segunda Guerra Mundial.
La alianza entre el artista y el gobierno de Churchill nació cuando el primero se trasladó a vivir a Inglaterra, tras haber huido de España durante la Guerra Civil para alistarse en la Legión Extranjera Francesa. Se calcula que Armengol realizó más de 2.00o viñetas para el Ministerio de Información Británico, que las distribuía en múltiples diarios y revistas de países aliados.
Gracias a esta fructífera colaboración –que duró cinco años–, los dibujos llegaron a lugares tan remotos como Haití o Nueva Zelanda. A través de ellos se pueden conocer algunos de los hitos principales de la contienda, así como identificar a muchos de sus protagonistas, siempre desde el punto de vista ácido y profundamente crítico con el nazismo de Armengol.
De forma paralela, en su obra se pueden rastrear los ecos del caricaturismo catalán del siglo XIX, que en ese momento experimentó un periodo de efervescencia asociado al auge de las revistas anticlericales, humorísticas y políticas (sobre todo durante el Sexenio Democrático y la Restauración).
Al mismo tiempo, Armengol muestra en sus piezas algunas de las características del cómic moderno, presentando una mayor depuración de las formas con respecto a las abigarradas sátiras del XIX y haciendo gala de un estilo versátil, muy personal con el que logró adelantarse en muchos aspectos a su tiempo. Sofía Guardiola



