Warhol y Pollock, hilo sutil entre la abstracción y la figuración en el Museo Thyssen
El centro de las artes plásticas después de la II Guerra Mundial se trasladó de Europa a Estados Unidos y más en concreto de Paría a Nueva York, como nuevo habitat para los nuevos creadores. Ahora el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid abre desde hoy y hasta el 25 de enero una muestra reveladora, Warhol, Pollock y otros espacios americanos, que reúne 120 obras de esos dos artistas y de otros coetáneos como Krasner, Frankenthaler, Twombly, Rothko y Rauschenberg, entre otros. Comisariada por Estrella de Diego, cuenta con la colaboración de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid.
El Museo Thyssen-Bornemisza abrió ayer al público la exposición Warhol, Pollock y otros espacios americanos, que ha reunido más de un centenar de obras, la mayoría procedentes de museos norteamericanos como el MET, el Andy Warhol de Pittsburgh, el Whitney, y de colecciones como la Peggy Guggenheim de Venecia y de las colecciones del Museo Thyssen y de Francesca Thyssen, entre otras, así como de coleccionistas privados.
En la presentación Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, estuvo acompañado por Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid; de Manuel Lagos, director general de Cultura e Industrias Creativas de la CAM; de Caroline Black , directora ejecutiva de la Fundación Pollock-Krasner, y de la comisaria Estrella de Diego.
Solana destacó que esta exposición era importante por tres motivos: primera exposición relevante con Pollock como uno de los grandes protagonistas, por la conexión de ambos artistas y cómo Warhol mira a Pollock; y por haber juntado a otros coetáneos que contribuyen a definir un período histórico decisivo con artistas como Lee Krasner, Helen Frankenthaler, Cy Twombly, Rauschenberg y Rothko, entre otros. Y añadió que esa interacción cuestiona en buena medida el canon del arte moderno, el sustrato figurativo en la abstracción de Pollock y lo abstracto en la figuración de Warhol, un artista mucho más inteligente y vanguardista de lo que a veces se ha considerado.
Por su parte, Estrella de Diego agradeció a todo el equipo del Museo Thyssen y a las instituciones que han hecho posible la exposición. Era uno de los proyectos que más anhelaba realizar en su vida. “Ha sido mi mayor obsesión”. Y subrayó que, a veces, troceamos la historia del arte y no vemos las fronteras porque no todo era abstracto ni figurativo. Y en esta muestra se puede comprobar cómo Lee Krasner fue testigo de la obra de su marido, Jason Pollock, pero también de los collages de Rauschenberg, y de la preocupación por las texturas de Warhol y Pollock, entre otros detalles que el recorrido nos depara.
La comisaria, con la colaboración de Laura Andrada, coordinadora técnica de la muestra, ha articulado la exhibición en seis ámbitos. El primero de ellos, El espacio como negociación: figura y fondo, otra vez, incluye 15 obras de los dos artistas en dos salas y una de Lee Krasner. Son obras tempranas que revelan la aproximación a la figura humana de Pollock y Krasner en composiciones tan relevantes como Dirección (1945), Retrato de H.M (1945), Bruma nocturna (1944-1945), sin olvidar una de las obras más potentes de Pollock, Marrón y plata I (hacia 1951), que entran en sutil conversación con dos botellas de Coca-Cola de Warhol, datadas en 1961 y 1962. En la siguiente sala Bosque encantado, un óleo y esmalte alquídico de Pollock datado en 1947 y sus Números 23 y 27, algo posteriores, junto a dos acrílicos de Warhol hechos tres décadas después pero que siguen el hilo de Pollock.
Con la vista puesta en el diálogo de espacios figurativos y abstractos, la siguiente sección, Rastros y vestigios, reúne piezas de Audrey Flack (1931-2024), Marisol Escobar (1930-2016), Anne Ryan (1889-1954), Perle Fine (1905-1988) y Robert Rauschenberg (1925-2008), además de Warhol y de Pollock, en las cuales se descubren figuras o sus rastros, que van construyendo un espacio a trozos, donde la figuración se va trastocando y camuflando.
La tercera sala, dedicada a El fondo como figura, exhibe obras icónicas de Warhol en las que las figuras parecen flotar sobre un fondo que se diluye. Liz en plata como Cleopatra (1963), Un solo Elvis (1964) y Jackie II (1966) de Warhol rompen con la idea del espacio tradicional, con la diferenciación entre el fondo y la figura.
Una selección de fotografías del artista, procedentes del Museo Andy Warhol de Pittsburgh, muestra su exploración más formal de la abstracción, con imágenes compuestas a base de largas repeticiones de objetos. Las series de instantáneas de Sol Lewitt (1928-2007) y Cy Twombly (1928-2011) con sus cinco detalles de Pan, Bassano in Teverina, fechados en 1980 y los lienzos de Hedda Sterne (1910-2011), sin olvidar Fosforescencia (1947) de Pollock y Abstracto nº 2 (1946-1948) de Lee Krasner.

Repeticiones y fragmentos gira en torno a las duplicaciones y multiplicaciones de objetos realizada por Warhol en muchas de sus obras, con las que rompe definitivamente con la idea del espacio en Occidente. Sus conocidas series de Flores (1964), Calaveras (1976), Sillas eléctricas (1971) y accidentes automovilísticos, como Choque óptico de automóviles (1962) y Desastre blanco I (1963), se suceden en esta sala. Cada imagen repetida es siempre distinta, porque aunque veamos imágenes reconocibles están tan superpuestas que saturan el espacio y terminan por desestructurarlo.
La quinta parte, Espacios sin horizontes, reúne ocho de las pinturas oxidadas de Warhol. Realizadas con sus propios fluidos, imitan las obras pintadas por Pollock justo antes de fallecer en 1956 y configuran un espacio sin límites precisos. Junto a ellas se exponen dos piezas de Helen Frankentaler (1928-2011), con grandes manchas de color.
La penúltima sala, El espacio como metafísica, está dedicada a la serie de sombras creada por Warhol a finales de la década de 1970, con pinceladas misteriosas en las que ya es imposible distinguir ninguna figura. En ese espacio coexiste con Sin título (Verde sobre morado), 1961, de Mark Rothko, un diálogo entre ausencias.
Y en la última la proyección Screen test: Andy Warhol, donde el creador norteamericano realizó durante dos años, de 1964 a 1966 realizó pequeños cortos de homenaje a artistas y músicos a los que admiraba como Susan Sontag, Marcel Duchamp, Dalí, Bob Dylan, Paul Morrisey, Jane Holzer, Nico, Barbara Rose o Edie Sedwick, entre otros. Un momento para detenernos y observar la agudeza visual de Andy Warhol y su polifacetismo.






